El empresario Pablo Otero, presidente de Tabacalera Sarandí y conocido en el ámbito rural como el “Señor del Tabaco”, celebró este fin de semana una millonaria e imponente boda con la bailarina Andrea Ghidone en un exclusivo salón de la Costanera Norte porteña.
El festejo, que reunió a más de 800 invitados y desplegó una producción a gran escala con múltiples shows y celebridades del espectáculo, expuso un nivel de opulencia que desató una profunda indignación en las provincias tabacaleras del NOA y el NEA.
Para los productores del campo, el millonario gasto de la noche contrasta de forma directa con la severa crisis de desfinanciamiento que sufre el Fondo Especial del Tabaco (FET), una caja clave de la que Otero es señalado como uno de los principales responsables.
La tensión agroindustrial radica en la agresiva estrategia judicial y comercial de Tabacalera Sarandí. A través de una prolongada cadena de amparos y recursos fiscales, la firma logró esquivar durante años el pago del impuesto mínimo interno a los cigarrillos, una maniobra que le permitió capturar casi el 40% del mercado nacional comercializando marcas a precios muy bajos.
Debido a que el FET se nutre de forma proporcional del valor y los gravámenes de cada atado vendido, esta declaración de precios deprimidos significó una licuación técnica de los fondos que corresponden por ley a las economías regionales. Mientras la firma multiplicaba sus ganancias y su dueño financiaba su fiesta, la recaudación para el sostén de la materia prima en las provincias del norte sufría una pérdida multimillonaria.
A la par de los cuestionamientos del sector productivo, la situación judicial del empresario sumó este año capítulos críticos.
La Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) avanzó con denuncias formales por presunta evasión impositiva y lavado de activos tras detectar transacciones millonarias sospechosas con mayoristas que no contaban con la capacidad económica declarada.
Para las más de 25.000 familias colonas de Salta, Jujuy, Misiones y Corrientes, que dependen del FET para cubrir los costos de acopio, el sobreprecio de la materia prima y los seguros contra el granizo, las postales del exclusivo festejo en Buenos Aires no hicieron más que visibilizar la enorme brecha existente entre las ganancias de la industria elusiva y la realidad de asfixia financiera que se vive en las plantaciones de tabaco.




