El regateo extremo es una reacción a la permanente desconfianza en la política del Gobierno hacia el campo sumada a la crisis internacional que frena las inversiones.
Según el especialista de Engel & Völkers, Francisco Mathó, la primera razón del congelamiento de la venta de los campos es el mantenimiento de retenciones de hasta 35%, para el caso de la soja, y los férreos controles sobre las exportaciones de trigo y maíz, cereales que además, también pagan altas alícuotas del tributo.
Con semejante nivel de impuestos, el negocio se vuelve menos tentador, hecho que además de restringir la demanda de tierras, aumenta la oferta.
Muchos propietarios descapitalizados por la mala cosecha pasada optan por vender el campo porque no pueden encarar la campaña 2009/10. Según César Gagliardo, presidente de la corredora Artegran «esta es la situación de los campos chicos, de hasta
La cuestión cambia por encima de esa extensión. Los propietarios suelen tener más espalda financiera y son concientes de que los problemas productivos son coyunturales.
Mientras los pequeños propietarios están más abiertos a negociar rebajas de hasta 30%, los segundos no conversan por un descuento mayor al 15%.
La intransigencia de estos vendedores, que por lo general son propietarios en la zona núcleo agrícola, es la segunda razón del congelamiento de las operaciones, según Mathó.
En las zonas marginales, por el contrario, los propietarios se quedan sin opción. «La mitad de Santiago del Estero está en venta», exageró un operador. El descuento también es exagerado. Según Engel & Völkers, la rebaja en el precio de la hectárea en regiones marginales de Chaco y Salta (para desmontar) alcanza el 42% respecto de 2008.
En cuanto a los compradores, se trata de inversores con liquidez que se reconocen, en los tiempos que corren, los dueños de la pelota. Sin embargo, y pese a que hay quienes pretenden rebajas de 40% «no vi a nadie que lo logre», explicó Gagliardo.
Igual que los vendedores con mayor espalda, los potenciales compradores están mirando el mediano y largo plazo, en la antesala de una campaña que se sabe seca, y en la que va a ser difícil conseguir quién alquile el campo, si el comprador no está interesado en trabajarlo.
Escenario post electoral
Las elecciones legislativas del 28 de julio también representan una bisagra para este negocio. Estacionalmente, la mayor venta de campos se produce en primavera y este año se suma la contienda para adormecer el ritmo de las transacciones hasta el octavo o noveno mes del año.
Según Mathó, hace poco más de un mes empezaron tímidamente a reactivarse las visitas a los campos por parte de los interesados y los teléfonos están volviendo a sonar.
«La brecha de precio que hoy existe entre la oferta y la demanda podría achicarse en agosto, después de las elecciones», auguró.
Fuente: Cuenca Rural