El sector tabacalero ostenta en misiones un grado de organización que permite saber al mismo inicio de la plantación una estimación muy aproximada de la cantidad de kilos que se producirán. Es más, se planta atento a la demanda del mercado.
El seguimiento –por parte de técnicos capacitados en campo- y evaluaciones mensuales permiten conocer casi con exactitud la cantidad de kilogramos que llegarán meses después a las bocas de acopio, incluso el rendimiento de cada uno de los más de 13 mil productores.
Para ello, funciona un registro, el que expide un carné a los efectos de una debida identificación de cada productor.
Todas estas acciones permiten además de las estimaciones, efectuar un especial cuidado de la calidad, preponderante a la hora vender la producción.
No faltan algunos colonos, que plantan por fuera de este esquema y utilizando prácticas agrícolas –semillas caseras, insumos tóxicos, cuidados,etc.- y luego pretenden vender a las empresas acopiadoras y exigiendo el mismo trato que se le brinda a los productores que hacen un tipo de tabaco que es el que el mercado demanda.
También aparecen en escena acopiadores particulares, que aprovechándose de la necesidad de algunos productores, pagan algunos pocos pesos y se hacen de miles de kilos de tabaco que luego intentar colocar en las empresas.
Obviamente que quiénes no son parte del esquema tabacalero, no están empadronados en el registro y no cuidan las prácticas agrícolas recomendadas no pueden ni podrán entregar ese producto.
Por muchos años se trabajo en el ordenamiento para una cuidada producción tabacalera. Desde las instituciones se insiste en que “los beneficios que representa este ordenamiento no pueden ser perjudicadas por las acciones de algunos pícaros u oportunistas que quedan muy rápidamente al descubierto”.
Finalmente, desde las mismas instituciones remarcaron que “todo el tabaco que produce el PRODUCTOR TABACALERO, se compra, la sola condición es ser productor tabacalero”.