A través de la Resolución 373/2026, el organismo nacional adoptó el Sistema Globalmente Armonizado (SGA). Buscan mayor precisión en la comunicación de riesgos y alinear la producción local con las exigencias de los mercados internacionales.
El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) dio un paso decisivo para «limpiar» la comunicación en el campo. Mediante la Resolución 373/2026, publicada este viernes en el Boletín Oficial, el organismo actualizó las reglas de juego para el etiquetado de fitosanitarios, poniendo fin a las ambigüedades en la denominada «letra chica» de los envases.
La medida central es la incorporación de las directrices del Sistema Globalmente Armonizado (SGA). ¿Qué significa esto para el productor y el aplicador? Que a partir de ahora, la información sobre peligrosidad y manejo no solo será más clara, sino que hablará el mismo idioma que los estándares internacionales.
Los puntos clave de la reforma:
Identificación visual: Se implementan nuevos pictogramas y palabras de advertencia que permiten identificar riesgos de forma instantánea.
Precisión técnica: Las indicaciones de peligro serán más específicas, evitando interpretaciones erróneas durante la preparación y aplicación en el lote.
Transparencia: La norma busca que quien tenga el bidón frente a sí, cuente con herramientas precisas para el uso responsable, protegiendo tanto la salud humana como el ambiente.
Esta armonización normativa no es solo una cuestión de formas; es una exigencia de los mercados globales que hoy demandan trazabilidad y seguridad en cada eslabón. Con este cambio, el Senasa apunta a elevar el estándar de la producción agrícola argentina, promoviendo decisiones más informadas y seguras «tranqueras adentro»
