A través de la genética in vitro y ensayos de campo, el sector busca superar el techo del 30% de almidón. La Cooperativa Flor de Jardín y el INTA Montecarlo lideran este cambio de paradigma que promete mayor rentabilidad por tonelada procesada.
En la cadena mandioquera, el volumen en la balanza ya no es el único rey. Hoy, la competitividad se juega en el laboratorio y en la composición interna de la raíz. Bajo esta premisa, técnicos y productores misioneros avanzan en la validación de nuevos cultivares diseñados para romper el histórico cuello de botella de la industria: el rendimiento de fécula.
El diagnóstico: producir kilos vs. producir almidón
Históricamente, el productor se enfocó en el rendimiento por hectárea. Sin embargo, desde la Cooperativa Flor de Jardín, Ayrton Max Böse es tajante: «Podemos tener mucha producción, pero si el porcentaje de almidón es bajo, el rendimiento industrial también lo es». Esta brecha entre el peso de la raíz y su aprovechamiento real fue el motor de la investigación actual.
Genética in vitro: sanidad y potencia
La estrategia incluyó la introducción de materiales desde Colombia bajo protocolos de plantas in vitro. Este método no solo asegura ejemplares libres de patógenos, sino que garantiza una estabilidad genética que el cultivo tradicional a veces pierde.
Los números que maneja el INTA Montecarlo son contundentes. César Preussler, investigador del instituto, confirmó que se han registrado contenidos de almidón que superan la barrera del 30%. En los ensayos realizados en la zona de Jardín América, la mejora respecto a las variedades tradicionales oscila entre un 3% y un 7%.
Para el ojo inexperto, un 5% de diferencia parece poco; para la industria, representa un salto de eficiencia masivo: significa procesar menos volumen de agua y fibra para obtener la misma cantidad de fécula, optimizando costos logísticos y operativos.
Del ensayo a la chacra
El proyecto ya superó la fase de gabinete. La cooperativa ha puesto en marcha un huerto semillero para multiplicar estos materiales y distribuirlos entre sus socios. Se busca crear un «círculo virtuoso» donde el colono multiplique sanidad y rendimiento en su propio lote.
Más allá del almidón, el programa de mejora apunta a una triple corona productiva:
- Sanidad: Resistencia a enfermedades locales.
- Estabilidad: Rendimientos predecibles campaña tras campaña.
- Adaptabilidad: Genética moldeada al suelo y clima misionero.
Un cultivo con visión de futuro
La mandioca está dejando de ser un cultivo de subsistencia para consolidarse como un insumo industrial de alto valor. La incorporación de estos materiales mejorados es un paso estratégico para fortalecer la economía regional, brindándole al productor herramientas sólidas para un mercado global que exige, cada vez más, eficiencia y calidad.
