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El motor oculto del campo: por qué el futuro de la ganadería argentina depende de cuidar sus pastizales naturales

27 mayo, 2026
in Ciencia y Tecnología
El motor oculto del campo: por qué el futuro de la ganadería argentina depende de cuidar sus pastizales naturales
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Un informe de la FAUBA y Vida Silvestre enciende las alarmas: ocupan la mitad del país y sostienen la cría bovina, pero menos del 4% está protegido. En el Año Internacional de los Pastizales, el desafío urgente de producir conservando.

El campo argentino suele medirse en toneladas de grano, camiones enviados a puerto o milímetros caídos. Sin embargo, debajo de las patas del rodeo nacional se esconde el verdadero motor invisible de la sustentabilidad productiva y ambiental: los pastizales naturales. Ocupan casi la mitad del territorio nacional y son el sostén estructural de la ganadería de cría, pero el sector productivo y la política pública parecen mirar para otro lado. Hoy, menos del 4% de estos ambientes cuenta con alguna figura de protección.

Los datos surgen del informe técnico “Identificación y valoración de servicios ecosistémicos de los pastizales pampeanos”, elaborado por la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA) y la Fundación Vida Silvestre Argentina (con el apoyo de WWF y el financiamiento de la Iniciativa Climática Internacional – IKI). El documento expone una paradoja alarmante: destruimos la misma base natural que financia nuestra producción.

A nivel global, la situación no es muy distinta. Estos ambientes cubren el 54% de la superficie terrestre y albergan un tercio de los puntos críticos de biodiversidad, pero su protección efectiva no llega al 10%, quedando muy relegados frente a los bosques.

La factura climática y productiva de perder suelo

«Los pastizales suelen ser subestimados o considerados espacios marginales, pero cumplen funciones clave tanto para los sistemas naturales como para la producción», advierte Sebastián Fermani, director de conservación de Fundación Vida Silvestre Argentina. El especialista describe estos ambientes como «un horizonte que esconde una economía casi invisible pero vital para el país».

Esa invisibilidad cuesta caro. En las últimas décadas, la intensificación agrícola mal planificada, el avance de la frontera agrícola y el manejo inadecuado del pastoreo hicieron que Argentina perdiera más de 3 millones de hectáreas de pastizales naturales.

Para el productor, esto no es solo un problema de pérdida de biodiversidad; es una amenaza directa al bolsillo. En regiones netamente ganaderas como la Pampa Deprimida o los Bajos Submeridionales, el pastizal funciona como una gigantesca esponja natural: absorbe los excesos de agua y frena las inundaciones. Degradarlo significa quedar desprotegido ante los eventos climáticos extremos, que golpean cada vez con más fuerza y frecuencia. Además, son aliados clave contra el cambio climático por su enorme capacidad para almacenar carbono en las raíces.

El partido se juega en el 2026

La encrucijada local coincide con un hito global. Las Naciones Unidas declararon al 2026 como el Año Internacional de los Pastizales y los Pastores. Para la Argentina, lejos de ser una efeméride ambientalista, representa una ventana de oportunidad comercial y técnica.

Hoy los mercados internacionales exigen, cada vez más, credenciales de sustentabilidad. Demostrar que la carne argentina se produce manteniendo la funcionalidad del pastizal natural no solo es ecológico, sino que es la llave para mantener abiertas las exportaciones de alto valor en el largo plazo.

El desafío para el productor actual ya no es elegir entre producir o conservar, sino aprender a producir conservando. Existen tecnologías de procesos —como el pastoreo rotativo, el descanso de los lotes y el manejo de la carga animal— que demuestran que es posible mejorar los índices productivos (más kilos de carne por hectárea) manteniendo vivo el ecosistema.

«El desafío es visibilizar el valor oculto de los pastizales y avanzar hacia modelos de desarrollo que contemplen su preservación como un activo estratégico para el futuro», concluye Fermani. Sostener las economías regionales y garantizar las divisas del mañana depende de que empecemos a mirar con atención el suelo que pisamos.

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