La campaña del girasol consolida un año histórico y se encamina a romper todos los moldes económicos. Con una proyección que acaricia los U$S 4.000 millones, el cultivo no solo duplica su performance financiera respecto a 2025, sino que escala posiciones en el podio de los complejos agroexportadores argentinos.
Este salto cuántico no es casualidad; responde a una tormenta perfecta de factores productivos locales y un complejo escenario geopolítico internacional.
1. Un salto productivo de 2 millones de toneladas
La base de este crecimiento radica en el éxito de la cosecha actual. Según estimaciones de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (SAGyP), la producción nacional trepó a un récord de 7,5 millones de toneladas. Esta cifra representa un incremento de dos millones de toneladas frente a las recolectadas en el ciclo 2025, inyectando un volumen de materia prima inédito para la cadena.
2. Molienda récord en la industria oleaginosa
El procesamiento interno es el gran motor del valor agregado en esta campaña. La molienda fabril opera a paso firme y cerró el primer semestre con un incremento del 30% en comparación con el año pasado. Para la segunda mitad del año, se proyecta que el procesado total alcance las 6 millones de toneladas (frente a las 4,6 millones de 2025).
Este plus industrial volcará al mercado externo unas 650.000 toneladas adicionales de aceite de girasol, el producto de mayor valor unitario del complejo.
3. Explosión de embarques en el primer semestre
El dinamismo comercial de la primera mitad del año sentó las bases del doblete exportador. En solo seis meses, el complejo agroindustrial generó U$S 2.062 millones, igualando prácticamente los U$S 2.162 millones facturados en la totalidad del año anterior.
Esto se debió a un fuerte posicionamiento en la exportación de grano crudo, que saltó de apenas 210.000 toneladas en todo 2025 a 1,2 millones de toneladas en el primer bache comercial de este año.
4. El factor Ucrania y el cierre del Mar Negro
La geopolítica actúa como un severo dinamizador de los precios y la demanda global. El recrudecimiento del conflicto bélico en la región del Mar Negro inutilizó los puertos clave de Odesa (Ucrania) y las terminales rusas, transformando la infraestructura logística y los buques en objetivos militares.
Al quedar virtualmente paralizado el flujo del mayor proveedor mundial de aceite de girasol, la Argentina emerge como el abastecedor confiable para cubrir la demanda internacional insatisfecha.
5. Mayores retenciones en Rusia actúan como sostén alcista
A la par del conflicto bélico, las políticas internas de los países competidores juegan a favor del productor local. El gobierno ruso dispuso un incremento en los derechos de exportación para su propio complejo girasolero. Esta medida restringe la competitividad de su mercadería y le pone un piso alto a las cotizaciones internacionales, asegurando precios firmes para los embarques argentinos de los próximos meses.
De mantenerse las proyecciones de embarques de aceite (2,1 millones de toneladas) y de harina (2,2 millones de toneladas), el girasol cerrará el año aportando U$S 3.960 millones a las reservas del Banco Central. Con este despliegue, el cultivo desplazará al trigo y trepará al séptimo lugar del ránking exportador nacional, consolidándose como la gran sorpresa económica del año.
Fuente:; Infocampo




