El agrónomo y ganadero chaqueño comentó que desde hace 60 años los menonitas y ciertos establecimientos ganaderos en el Bajo Chaco empezaron a cultivar pasturas y realizaron el mejoramiento genético y la sanitación animal, con buenos resultados económicos. “Y siguen produciendo hasta hoy en día en los mismos campos”, señaló. Al mismo tiempo, por la alta variabilidad de las condiciones climáticas y precios, la contribución de la agricultura y la de la ganadería a los ingresos de los productores ha bajado continuadamente.
Admitió que existen pasturas degradadas en el Chaco. Pero subrayó que se ha podido recuperar la productividad inicial en prácticamente en todos los casos, a través del ajuste de la carga animal, resiembra de pastos (o mezclas de pastos) a las condiciones edafoclimáticas específicas, y/o la implantación de leguminosas (mayormente Leucaena) e inclusive la regeneración de cierta densidad de especies nativas leñosas, como por ejemplo el Algarrobo, en la pastura. “Conozco a regiones ganaderas en otros continentes con condiciones climáticas aún más difíciles y suelos mucho menos fértiles que del Chaco”, dijo.
Fuente: ABC digital