La cercanía cotidiana que une a nuestra tierra colorada con el estado brasileño de Santa Catarina hoy comparte una preocupación que viaja más rápido que el portuñol.
El reciente reporte de un foco de la enfermedad de Newcastle en una granja industrial del municipio catarinense de Nova Itaberaba —relativamente cerca de nuestros límites provinciales— sacudió las estructuras sanitarias del Mercosur. La primera reacción de peso en la región llegó desde Asunción: el Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal (SENACSA) del Paraguay prohibió de forma inmediata y temporal toda importación avícola proveniente de Santa Catarina
Para quienes caminan la frontera seca misionera todos los días, saben muy bien que un alambre o un cordón de vereda no frena a la naturaleza. El virus, altamente contagioso entre aves domésticas y silvestres, fue detectado inicialmente en un lote industrial de unos 6.000 pavos, de los cuales 26 dieron positivo. Aunque las autoridades brasileñas actuaron bajo estricto protocolo, ordenando el sacrificio sanitario de los animales y la vigilancia de más de 130 granjas en la zona afectada, el impacto geopolítico y comercial no tardó en cruzar las fronteras.
El blindaje paraguayo ante el vecino catarinense
A través de la Resolución Administrativa N.º 1715/2026 firmada este 20 de octubre, el organismo paraguayo interrumpió el ingreso de aves vivas, huevos fértiles, carne aviar y material genético que tengan sello de origen catarinense. La intención del país guaraní es clara: blindar un estatus sanitario libre de la enfermedad que ostentan con orgullo desde 1997.
La restricción contempla excepciones muy rigurosas. Solo podrán pasar aquellos productos termo-procesados que certifiquen oficialmente la inactivación del virus y que cuenten con una autorización previa del SENACSA. La medida extrema se mantendrá firme hasta tanto se complete una evaluación técnica de riesgo
La mirada atenta desde las chacras misioneras
Mientras en las capitales se firman resoluciones y en Brasil se declara la emergencia por 60 días en el área del foco, del lado misionero la noticia corre de boca en boca entre los productores locales. Santa Catarina no es cualquier vecino: concentra nada menos que el 23% de las exportaciones de pollo de Brasil y el 60% de su producción de pavos.
La aparición del virus —que genera graves cuadros respiratorios y nerviosos en las aves— obliga a ajustar los controles de bioseguridad en nuestras chacras y a mirar con lupa el movimiento en los pasos fronterizos cotidianos.
Si bien las autoridades de salud recuerdan que la enfermedad de Newcastle no afecta a los seres humanos ni pone en riesgo el consumo de alimentos, el contrabando hormiga o el movimiento descuidado de aves vivas representa el peligro real en la frontera profunda. En una región donde la geografía nos une y la producción nos sostiene, las alertas sanitarias del vecino se escuchan y se atienden como propias




