El debate por la composición y el futuro de la cadena yerbatera sumó un nuevo capítulo legislativo. El diputado Martín Arjol presentó un proyecto de comunicación que insta al Poder Ejecutivo provincial a gestionar ante la Nación una reforma histórica: modificar el Código Alimentario Argentino (CAA) para bajar del 35% al 25% el porcentaje máximo de palo permitido en la yerba mate elaborada.
La iniciativa no solo apunta a un salto de calidad en la góndola, sino que toca la fibra más sensible de la actividad: la economía del colono. Según los fundamentos del proyecto, regular una menor proporción de palo alteraría la composición del paquete, obligando a la industria a demandar un mayor volumen de hoja verde para alcanzar los mismos niveles de producción final. Esta medida busca amortiguar los cíclicos desajustes entre la oferta y la demanda que suelen licuar el precio que recibe el eslabón más débil de la cadena: el pequeño productor.
El proyecto de Arjol también pone la lupa sobre los productos nicho, sugiriendo un tratamiento específico para las yerbas saborizadas y una tipificación diferenciada para las compuestas, que actualmente toleran hasta un 40% de otros vegetales.
Un reclamo con eco en las chacras
La propuesta está lejos de ser aislada y recoge planteos que ya crujen en el sector. En 2024, fue el dirigente cooperativista Raúl Karabén (Santo Pipó) quien encendió la mecha al sugerir públicamente esta reducción. Un año después, el legislador Paulino Javier Mela canalizó un pedido similar, que además replicó con fuerza en el petitorio de los productores autoconvocados durante las últimas movilizaciones frente a la Casa de Gobierno.
Al tratarse de una modificación del CAA, la llave final la tienen los organismos nacionales. Mientras tanto, el debate queda instalado en las chacras y los secaderos: ¿es la reducción del palo la herramienta definitiva para equilibrar la balanza yerbatera?




