Con el objetivo de acortar la brecha entre la investigación científica y el consumidor final, la Estación Experimental (EEA) del INTA Cerro Azul abrió sus puertas a una delegación internacional de El Club del Té, encabezada por Victoria Bisogno. La visita, que reunió a profesionales de Argentina, Chile y Honduras, puso el foco en el valor agregado que la ciencia aporta a la producción tealera de la región.
La Dra. Sandra Molina, referente del Grupo de Yerba Mate y Té, detalló el «terroir» misionero, explicando cómo las condiciones edafoclimáticas locales configuran la identidad del té nacional. Pero el plato fuerte estuvo en la microelaboración: el Ing. Guillermo Arndt demostró cómo el INTA testea la calidad de sus materiales, mientras que el Dr. Alejandro Toro expuso el trabajo del banco de germoplasma, un reservorio genético clave para desarrollar cultivares que compitan en las ligas mayores del mercado gourmet.
«Es fundamental articular la ciencia con la formación», destacó Bisogno, subrayando que conocer el desarrollo tecnológico es el primer paso para que el té argentino se siente en la misma mesa que los grandes orígenes de China, India y Sri Lanka.
