La producción de frutilla en Misiones crece como una alternativa intensiva y de alto valor para las chacras familiares. En los últimos años, la incorporación de tecnología —como los sistemas semi hidropónicos en canaletas elevadas— permitió mejorar la calidad del fruto, facilitar la cosecha y optimizar el manejo sanitario del cultivo.
Según el técnico del INTA, Aníbal Krindges, este cambio productivo, que comenzó a difundirse con más fuerza desde 2018, representa un salto importante respecto al sistema tradicional en suelo, donde el manejo inicia entre febrero y marzo con la preparación de camellones, riego por goteo y coberturas protectoras.
Aunque los sistemas en sustrato requieren mayor inversión inicial, ofrecen ventajas clave:
✔️ Mayor estabilidad productiva
✔️ Mejor calidad del fruto
✔️ Menor esfuerzo físico
✔️ Vida útil de las plantas por más de dos años
Además, la frutilla misionera tiene una gran ventaja competitiva: la frescura. Al producirse localmente, puede cosecharse en su punto óptimo de madurez, logrando mejor sabor, aroma y calidad.
Una experiencia que marca el camino
En Garuhapé, la familia Ferris Graef apostó a la semi hidroponía como estrategia productiva. Actualmente cuentan con unas 10.000 plantas en producción durante todo el año, con un rendimiento promedio de 700 gramos por planta.
“Las ventajas son la comodidad para trabajar, el control de plagas y menos enfermedades con buen manejo”, destaca Orlando Ferris, quien además señala que el trabajo familiar y el desarrollo de su propio sustrato fueron claves para mejorar la competitividad.
Con demanda sostenida durante todo el año y buenas condiciones agroecológicas, la frutilla se consolida en Misiones como una alternativa rentable, intensiva y con fuerte potencial de crecimiento para la agricultura familiar.
