En Rafaela, Lario invertirá U$S 50 millones para duplicar la producción de fiambres

12/12/2017

La empresa construirá una nueva planta de producción de jamón cocido, crudo, bondiola y salame en la ruta 34.
La historia comienza con Luis Fasoli, un inmigrante del norte de Italia que empezó haciendo embutidos artesanales y logró fundar hace 102 años un frigorífico porcino en Rafaela, que se convirtió en una de las principales empresas de una ciudad con un fuerte perfil agroindustrial.
Ahora, la empresa sigue en manos de sus descendientes -la familia Lagruta- que después de una etapa complicada están listos para dar un salto importante: van a invertir 50 millones de dólares en los próximos diez años para construir una nueva planta frigorífica en la ruta nacional 34.
El objetivo es duplicar la producción de fiambres. En la actualidad, los 770 operarios de la fábrica elaboran 3.000 toneladas mensuales (con una faena de unos 480 cerdos por día) y cuando esté operativa la nueva planta podrán procesar más de 6.000 toneladas.
 “La planta actual tiene más de 50 años y comienza a ser obsoleta. La verdad es que estamos trabajando al tope de nuestra capacidad productiva y creemos que hay margen para crecer en el mercado. En breve vamos a comenzar la primera etapa de esta inversión, de 8 millones de dólares, que va a renovar el equipamiento para producir fiambres”, contó Carlos Lagruta, presidente de la empresa, en un charla con periodistas de la que participó Clarín Rural.
La “picada” es el negocio central de la empresa. Con el jamón cocido y crudo, la bondiola, el salame, la mortadela y las salchichas, entre otros embutidos, facturaron $ 1.500 millones en el 2016. Es la mitad de los ingresos (3.000 millones el año pasado). El resto lo generan con el frigorífico de carne vacuna de Casilda, que emplea a más de 400 personas y tiene un claro perfil exportador, las ventas de cortes porcinos frescos y otros subproductos.
Lario necesita crecer sobre todo por dos razones: la primera, es que la “vieja” fábrica ya comienza a ser ineficiente (tiene 9 pisos: seis en la superficie y tres subterráneos) y los directivos saben que en diez años les va a generar sobrecostos y problemas de competitividad.
La segunda es que esa planta está trabajando al tope de su capacidad productiva y no les permite aumentar su participación en mercados estratégicos como el Gran Buenos Aires, donde la marca no es tan conocida. El posicionamiento en el interior del país, en cambio, es fuerte: es la segunda marca detrás de Paladini.
La empresa produce fiambres, cortes porcinos y tiene un frigorífico de carne vacuna en Casilda.
El otro eje del negocio de Lario es el frigorífico de carne vacuna, que procesa 420 animales por día en Casilda y cumple estrictos protocolos sanitarios para exportar a los mercados que tiene habilitados la Argentina. “Durante el gobierno anterior era casi un lastre, porque se llevaba la rentabilidad que lográbamos con los fiambres, pero creemos que ahora el escenario cambio”, destacó Lagruta.
Por eso invirtieron U$S 3 millones de dólares para modernizar y aumentar la capacidad de desposte, de enfriado al vacío y toda la gestión de la planta. En la actualidad venden el 80% de la producción en el mercado interno y exportan el 20% restante a China, la Unión Europea, Rusia y Brasil, entre otros destinos.
 “La inversión la hicimos para estar preparados para cuando se recupere el stock de novillos pesados y el negocio ganadero crezca, con eje en la exportación”, planteó Juan Lagruta, que también forma parte de la gerencia de la empresa.
El frigorífico tiene la mira en la exportación porque compite en desventaja en el mercado interno contra plantas más chicas -incluso informales- que no tienen que cumplir con los rigurosos protocolos para exportar.
Fuente: Clarin


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