La horticultura responsable marca el camino

13/11/2017

Técnicos del INTA y del Senasa realizan desde capacitaciones hasta evaluaciones ambientales de los predios que promueven la implementación de buenas prácticas agrícolas. A partir de este proyecto piloto, algunos horticultores accedieron a una identificación para diferenciar su producción.
Hablar de producción responsable implica el respeto por los recursos naturales, la salud del consumidor y de los trabajadores que están involucrados en la actividad. Así lo consideran los horticultores y técnicos que, aunados en un proyecto conjunto de carácter piloto, buscan incrementar la inocuidad de las verduras obtenidas en algunas fincas de Baradero, al norte de Buenos Aires. Llevada a cabo por el INTA y el Senasa, la experiencia tiene el apoyo del municipio y de los programas Cambio Rural y ProHuerta.
Mariel Mitidieri, especialista del INTA San Pedro que trabaja en el proyecto desde su inicio hace más de dos años, sostuvo que “si bien la producción responsable contempla la implementación de buenas prácticas agrícolas que procuren el respeto por el ambiente, los trabajadores y el consumidor, también constituye un enfoque de equidad”.
En este sentido, destacó que el objetivo apunta a “crear un incentivo para los productores que desean avanzar en la adopción de buenas prácticas y estén interesados en mejorar el desempeño ambiental, económico y social de sus predios”. Actualmente, el proyecto reúne a ocho agricultores familiares, que representan un total de 20 hectáreas cultivadas.
A partir de la experiencia, algunos horticultores tuvieron acceso a un logo para diferenciar su producción. Esta identificación, que puede adjuntarse a la etiqueta utilizada para comercializar los productos, es otorgada por el INTA y el Senasa a aquellos que cumplan con las pautas previstas en el Plan Piloto Horticultura Responsable.
Con relación a las condiciones para obtener el logo, se hizo hincapié en el uso adecuado de plaguicidas, la confección de un registro de labores y agroquímicos utilizados y la inscripción en el Registro Nacional Sanitario de Productores Agropecuarios (Renspa). Entre otros aspectos, también se requiere la adopción del etiquetado exigido por el Senasa, la aceptación del monitoreo en sus quintas y el resultado conforme de las muestras obtenidas.
“La identificación está pensada para aplicarse en las localidades que dependen del INTA San Pedro, pero puede extenderse a otros municipios que deseen avanzar en propuestas similares”, afirmó Mitidieri. De hecho, hay iniciativas impulsadas por diferentes actores del sector hortícola en Florencio Varela, Mar del Plata y La Plata.
Para la especialista, “el éxito de este tipo de proyectos brindará la garantía de inocuidad y el respeto por el ambiente para que los productores hortícolas puedan seguir produciendo cerca de las ciudades, con las ventajas que esto implica para el abastecimiento de alimentos y la generación de puestos de trabajo”.
Asimismo, resaltó la importancia aunar esfuerzos para abordar las problemáticas de sanidad e inocuidad. “Existen ejemplos de iniciativas que, a través de diferentes técnicas, producen hortalizas con muy escasa utilización de plaguicidas”, afirmó Mitidieri, quien además subrayó: “Son fruto del trabajo del INTA junto con organismos de investigación, gobiernos provinciales, referentes de la actividad privada y productores innovadores”.
No obstante, reconoció la necesidad de mejorar las condiciones productivas y de organización que atraviesan a la horticultura argentina. “Gran parte de los productos hortícolas provienen de agricultores familiares, la mayoría de origen migrante, que requieren el apoyo del Estado para poder mejorar la calidad de su producción”, señaló.
En este caso, el proyecto reúne a “productores familiares que, en la mayoría de los casos, se dedican a producir y a vender las hortalizas”, describió Mitidieri. En general, producen tomate, pimiento, lechuga, acelga, espinaca, apio, frutilla y remolacha.
Relato de una experiencia
La ejecución del Plan Piloto, iniciada en agosto de 2015, se formalizó a través de una Carta Acuerdo firmada por las autoridades del INTA y del Senasa. En este marco, se llevaron a cabo capacitaciones a los productores y se estudió el desempeño ambiental de los predios a través del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental Ponderado (Sepia), el cual permitió elaborar diagnósticos participativos y planificar los procesos de mejora.
Con el objetivo de lograr cambios a largo plazo, la iniciativa hace fuerte hincapié en la gestión de capacitaciones y espacios de formación. “El espíritu del trabajo fue asegurar pautas mínimas de inocuidad, como el cumplimiento de la normativa vigente en cuanto a los límites máximos de residuos y la contaminación microbiológica de las hortalizas, así como mejorar aspectos críticos asociados con el manejo de los envases de plaguicidas, trazabilidad, uso de elementos de protección personal y sensibilización ambiental”, detalló Mitidieri.
Para la técnica, “los productores manifestaron interés en participar y capacitarse, pese al poco que tiempo que tienen, y llegaron a cumplir los objetivos planteados”. La mayoría de las capacitaciones tuvieron lugar en las mismas quintas y, en una oportunidad, se logró viajar con uno de los horticultores a un emprendimiento en Zárate para observar los avances en la adopción de la solarización, un método no contaminante de desinfección del suelo.
De acuerdo con la especialista, “la exigencia de tiempo para acompañar a los productores y lograr estos avances es muy alta, debido a que están ocupados en otros objetivos vinculados con la supervivencia económica y les queda un escaso margen para aprender sobre temas relativos a las buenas prácticas agrícolas”. Por eso, “la mayor contribución del Plan Piloto es mantener una presencia activa del Estado en el grupo”, observó Mitidieri.
Entre otras temáticas, las capacitaciones estuvieron orientadas a: Manejo Integrado de Plagas (MIP), enfermedades y suelos, buenas prácticas agrícolas y normativa vigente referida a inocuidad y seguridad e higiene. Además, se confeccionó una lista de plaguicidas permitidos con disponibilidad en la zona y técnicos de Senasa realizaron análisis de laboratorio para detectar residuos de plaguicidas y contaminación microbiológica.
En una articulación de políticas públicas, el proyecto tuvo el apoyo de los programas Cambio Rural y ProHuerta, mediante el Proyecto Especial “Apoyo a la producción familiar y responsable de hortalizas a través de mejoras en la comercialización”. Los fondos obtenidos fueron utilizados para la compra de cajones plásticos, bomba de agua, plásticos para biosolarizar, chipeadora e insumos para MIP.
Actualmente, “los productores están aprendiendo a incorporar otras estrategias al control químico para el manejo de plagas y a utilizar los resultados del monitoreo para establecer criterios de intervención en el manejo sanitario de los cultivos”, explicó Mitidieri.
Fuente: INTA


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