Una escuela rural de Machagai cosecha 200 mil litros de agua de lluvia

05/10/2017

Gracias a un proyecto especial del programa que conducen el Ministerio de Desarrollo Social y el INTA, los 171 alumnos de la EFA Nº 146 pudieron construir dos cisternas, con los sistemas de captación de agua de lluvia y distribución en las instalaciones. Así, lograron tener acceso al agua en cantidad y calidad.
El cálculo es tan simple como contundente: por cada milímetro de precipitación, es posible recolectar un litro de agua por metro cuadrado de techo. En zonas con regímenes irregulares y altas temperaturas como la localidad chaqueña de Machagai, donde llueven entre 800 y 1.200 milímetros anuales, cosechar agua de lluvia es mucho más que una alternativa: es una de las estrategias más eficientes para asegurar el acceso al agua en cantidad y calidad.
Bien lo saben en la escuela EFA Nº 146 Ema Elizabeth Santia de Fernández, ubicada en la Colonia Tres Palmas, a unos 30 kilómetros de Machagai, en el departamento de 25 de Mayo. Allí asisten 171 alumnos de las zonas rurales aledañas, en un radio de 65 km. Desde el año 2009, cuando se fundó el establecimiento, tuvieron problemas para abastecerse de agua: hicieron 36 perforaciones y en sólo una oportunidad encontraron agua. Sin embargo, tenía altos niveles de arsénico.
En este contexto, mediante un proyecto especial del ProHuerta, la escuela pudo construir dos cisternas de 100.000 litros de capacidad de almacenamiento, con los sistemas de captación de agua de lluvia y distribución en las instalaciones. Así, lograron brindar acceso al agua para el uso integral de toda la comunidad educativa.
“Nos viene de maravilla”, expresó la directora Mirna Dolce, “porque de otra forma no tendríamos acceso al agua”. La escuela contaba con un histórico aljibe, que dejó de ser de ayuda cuando las lluvias comenzaron a mermar en esa localidad y cuando el número de alumnos creció de manera exponencial. “El agua es fundamental, sobre todo cuando en la escuela se busca un fin educativo. Si no contamos con ella, ¿cómo podemos enseñar a higienizarse?”, expresó la directora.
Entre 2016 y 2017, el programa ProHuerta, conducido por el INTA y el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, puso en marcha más de 600 proyectos especiales enfocados en distintas temáticas de desarrollo rural, que mejorarán la calidad de vida de más de 50.000 familias de todo el país.
 “Construimos dos cisternas como parte de este proyecto, más la instalación de los caños y filtros para abastecer de agua para consumo, para uso en los baños y con un excedente de agua recogida en los techos para usar en la huerta”, explicó Gustavo ‘Pato’ Gerzel, coordinador provincial del ProHuerta en Chaco. Para el especialista, solucionar el acceso al agua era “el primer paso fundamental” para encarar otras iniciativas de desarrollo integral. De hecho, esta comunidad educativa es acompañada desde sus inicios con asistencia técnica y capacitaciones del programa ProHuerta.
“Aprovechar las lluvias con aljibes es una de las maneras más adecuadas que encontramos de aprovechar el agua de calidad”, apuntó Gerzel, quien precisó que en esa zona “la calidad del agua de perforación es mala por los contenidos de sales que presenta y es difícil encontrar los puntos en donde hay agua de buena calidad”.
Así, con un promedio cercano a los mil milímetros de lluvias anuales y con una distribución muy irregular, “aprovechar los techos en las instalaciones de la escuela para cosechar agua de lluvias y almacenarlas es una de las alternativas más viables y a las que estamos apuntando”, dijo Gerzel.
De acuerdo con Oscar Marcón, jefe de la agencia de extensión rural del INTA en Machagai, la demanda de agua era mayor que la oferta: “La escuela contaba con algunos reservorios pero no eran suficiente para seguir cumpliendo con las necesidades actuales y con la expectativa de crecimiento que tiene hoy en su matrícula”.
De esa manera, el extensionista resumió el trabajo realizado dentro del proyecto especial del ProHuerta: “Se hicieron dos cisternas de mampostería con una capacidad de 100 mil litros cada una, con dimensiones de seis metros de diámetro por cuatro de profundidad. Tienen su correspondiente filtro para que el agua sea lo más limpia posible en su almacenamiento”. Además, aseguró Marcón, “la escuela cuenta con techo suficiente como para hacer una buena cosecha”.
Una comunidad escolar que apuesta al futuro
Nilda Marisa Olmediña vive en Colonia Santa Marta, a unos 15 kilómetros de Colonia Tres Palmas. Sus dos hijos, de 15 y 17 años, son alumnos de la escuela de alternancia y uno de ellos es, además, el abanderado.
“En la escuela siempre se tuvo el problema del agua, como en toda zona rural. Yo vivo en una zona rural, también en el campo, y siempre se sufre el tema del agua”, dijo Olmediña, quien solía obtener agua de un aljibe ubicado en la casa de su suegra, a cien metros de su vivienda, “acarreando con baldes o bidones en una carretilla”.
“Ellos necesitan mucho para los baños, para bañarse, para la huerta. Ellos viven en la escuela”, agregó, Olmediña, quien detalló: “El fin de semana se van a la casa pero todo el tiempo están teniendo la necesidad de tener agua. Para lavarse las manos, la cara, más en tiempo de calor, que se necesita un montón”.
La EFA Nº 146 es la única escuela del departamento 25 de Mayo que otorga una certificación en producción agropecuaria. Cuenta con una especialidad en bovinocultor y, quienes egresan con la nueva estructura curricular, reciben un bachiller con orientación en agro y ambiente.
Por otra parte, el sistema de alternancia de la escuela permite que los alumnos permanezcan allí durante toda una semana, en la que viven de manera permanente dentro del establecimiento. Luego, durante los siguientes siete días, hacen prácticas en sus casas y participan de las producciones familiares.
Buena parte de los agricultores de esa zona son de pequeña y mediana escala. Quienes se encuadran en el primer segmento suelen dedicarse a la producción para autoconsumo –para comercializar excesos en ferias francas o por medio de ventas puerta a puerta–, mientras que otros, con algo más de capital, apuestan por actividades ganaderas.
“La mayoría de nuestros alumnos tienen asignación universal. Son hijos de minifundistas, pequeños productores, jornaleros”, dijo Dolce. Con respecto a lo productivo, explicó que actualmente la escuela cuenta con módulos de producción avícola y hortícola. En esa línea, expresó que el nuevo sistema de captación y almacenamiento de agua le ofrece tranquilidad: en alguna época, por la falta de agua, debieron dejar de regar la huerta.
“Nosotros creemos en el trabajo que se da entre las instituciones, por eso hoy en día la escuela es lo que es”, afirmó la directora, con una sólida valoración del trabajo conjunto realizado con el ProHuerta. “Creemos que en la cooperación está el futuro”, agregó Dolce, “sobre todo el futuro de nuestros alumnos”.
Fuente: INTA


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