Agroecología: la colaboración natural

01/08/2017

Eduardo Cerdá, agrónomo referente en agroecología visitó la región. Durante dos días compartió experiencias y fundamentos de la producción sin agroquímicos. La actividad fue organizada por varias instituciones y convocó a productores, técnicos y funcionarios del norte de la provincia.
 “Es un mito que sin agroquímicos no se puede producir igual o mejor que con la agricultura de tipo industrial, en sistemas extensivos”; este es uno de los primeros slides con los que Eduardo Cerdá  interpeló a la audiencia e intentó desarmar los prejuicios que existen alrededor de la agrocología: que tiene bajo rendimiento, que es inestable, que se puede realizar sólo en producciones intensivas, entre otros. Quienes asistieron a las charlas que se realizaron en el marco de la Jornada “Alternativas para una Producción Sustentable”, en Romang, Malabrigo y Reconquista el miércoles 26 y jueves 27 de julio, tuvieron la oportunidad de conocer los resultados de experiencias concretas de agroecología a gran escala. 
La propuesta incluyó visitas a campos de productores de Romang y Malabrigo, charlas abiertas a la comunidad en estos 2 municipios, una reunión con representantes de gobiernos locales de la región, en Reconquista,  para abordar la problemática  de los bordes periurbanos y una puesta en común con las instituciones organizadoras: INCUPO; Secretaría de Agricultura Familiar (SAF); Ministerio de Ambiente de la provincia de Santa Fe e INTA Reconquista. Acompañaron en la actividad las cooperativas de Romang y Malabrigo.
Con una trayectoria de más de 20 años en la producción agroecológica este agrónomo cuenta con la experiencia suficiente para dar cuenta de que el modelo de producción agroindustrial actualmente dominante, no es el único posible ni tampoco el más viable, como masivamente se difunde. Su recorrido está marcado por la diversidad, asesora a establecimientos agrícolas de grandes superficies, municipios que implementan la producción sin agroquímicos en sus bordes periurbanos y como dato curioso,  a canchas de golf, además de su participación en proyectos de la Universidad de La Plata. Espacios que se conectan por el interés de lograr formas de vida más saludables.
Pero no es por ahí que Cerdá sensibiliza a productores y técnicos.  Reconoce una tendencia cada vez mayor de gente que está “descontenta con el modelo predominante  de producción, subieron muchos los costos y los rendimientos no acompañaron al gran aumento de costos”. Frente a esto,  da ejemplos concretos de que con la producción agroecológica “se bajan costos y los rendimientos son similares, hay productores que gastan la mitad”, asegura. “Cuándo hablás de números no hay manera de que los productores no se interesen”,  comenta como develando parte de su estrategia para despertar atención.
Los elementos
Sus intervenciones incluyen un análisis particular de cada situación y la invitación, tanto para quienes trabajan el campo como para los técnicos, a cuestionar, desaprender y reaprender los modos en los que se produce. El objetivo de la transformación incluye incrementar el rendimiento económico de los cultivos, aportar al desarrollo local y mejorar la calidad ambiental de los ámbitos urbanos – rurales.
Los fundamentos de esta mirada se basan en poner en valor los elementos que la naturaleza ofrece, potenciando conexiones y minimizando los recursos externos a los ciclos naturales. Define a la agroecología como la manera de “producir lo más natural posible, que tenga que ver con los procesos biológicos”. 
“Para producir tenemos que cuidar el suelo ya que él es quién nos da el alimento. Tenemos que trabajar en lo que es retomar la fertilidad de los suelos, la secuencia de cultivos, la asociación de cultivos, en especial todo lo que tienen que ver con las leguminosas que le dan más vida al suelo. Cuando hay más lombrices,  aparecen más poros, el suelo retiene más agua y eso también lo vemos reflejado en el rendimiento de los cultivos”, asegura.
La clave es asociarse
En su recorrido, visitó los campos de Fernando Chicherit de Romang, Leonardo y Fernando Nadalich, en La Lola, y de Abel Zorat en Malabrigo.  En ronda, mirando lo que hacen, mate de por medio Cerdá conversó con cada uno sobre lo que hacen, indagó en la historia productiva del lugar, el rendimiento de las últimas campañas y sus expectativas para el futuro.
Luego, de a poco, con un tono de respeto hacia el saber del productor,  Cerdá fue compartiendo parte de sus experiencias. La principal inquietud es cómo lograr controlar las enfermedades de los cultivos sin utilizar agroquímicos. Ante esto la respuesta fue contundente: la colaboración ante la competencia. “Las asociaciones son naturales, en una selva conviven más de dos especies y eso es natural. El monocultivo nos trae todos estos problemas, de desequilibrio, de tener que pensar que esa maleza me compite. Nosotros en vez de que venga una maleza ponemos otro cultivo que puede acompañar y ayudar al cultivo principal. Así que se hacen asociaciones con plantas que se llevan muy bien, así como los vecinos que se llevan muy bien. Lo triste sería estar solo y no poder convivir con nadie”, dijo.
Habla también de la potencia de las leguminosas, que sirven para nutrir al suelo y se pueden utilizar como alimento de los animales. “Nosotros siempre mezclando graminias con leguminosas”, comenta, “vemos una asociación espectacular, las leguminosas (excepto la soja que exporta más de lo que fija y a su vez no tiene casi rastrojo) tienen un rol fundamental porque generan vida. Uno sabe que las leguminosas fijan el nitrógeno del aire y lo vuelcan a las raíces”.
Y agrega,  “a su vez vimos muchas cosas. Las leguminosas ponen en movimiento al suelo. Estamos viendo que en todos lados lo que hay que hacer es volver a cuidar los suelos, a que tengan salud. Y para eso primero hay que tener vida, ¿y qué dice la biodinámica?, que el nitrógeno es el que acompaña al oxígeno para que se encuentre con el carbono. En el suelo, lo que le permite respirar son las leguminosas”.
Como un ritual, en cada uno de los establecimientos extrajo un trozo de suelo: lo tocó, olió, observó y desarmó. E invitó a los presentes a que lo examinen también. Luego explicó el valor que tienen los elementos que él contiene. “En estudios que estamos realizando en la Universidad de La Plata,  vemos que en la medida que hay mayor uso de agroquímicos disminuye la cantidad de lombrices en el suelo, disminuye la vida y eso va en contra de lo que queremos recrear que es la salud de los suelos y de los establecimientos”.
En comparación a un campo de producción tradicional ejemplifica, “a medida que nos alejamos del alambrado del vecino que usa glifosato vemos cómo crece el número de lombrices. Y cuando las pesamos, los campos vecinos no pasan de 180 o 200 lombrices por hectárea. Y nosotros llegamos a tener hasta 4000 kilos de lombrices”.
Los bordes como oportunidad
El jueves por la mañana el encuentro fue con los gobiernos locales para abordar alternativas productivas en los bordes periurbanos. De la reunión participaron representantes de Avellaneda, Reconquista, Florencia, Villa Ocampo, La Sarita, Nicanor Molinas y la Concejal Alicia Perna, de Reconquista.
Los bordes periurbanos, son ese espacio que conecta lo urbano con lo rural, cuyos límites se definen por la reglamentación de cada municipio.  En él se busca armonizar la producción con un mayor cuidado de la salud humana y el ambiente, por eso se definen por la prohibición del uso de agroquímicos.
Cerdá asesora a 9 municipios en esta cuestión, que suman según él más de 2000 hectáreas productivas. Da cuenta de la amplitud de posibilidades cuando dice,  “mucha gente mira como un problema lo de la línea agronómica y es una oportunidad. Hay municipios que hacen su experiencia en los bordes para dar cuenta de que se puede producir sin agroquímicos. Otros que están preocupados en producir sus propios alimentos. Algunos lograron producir su harina. También hay quienes experimentan con  kiwi, papas, entre otros”.
La diversidad está presente en la filosofía agroecológica y Cerdá lo remarca en su discurso, “son proyectos distintos y muy interesantes que nos pone muy contentos a todos. Agrónomos, veterinarios, médicos en poder tener una dieta variada sin tanta contaminación, agroquímicos”.
Cerdá abruma con números, tiene datos, suficiente camino recorrido, y ejemplos de sobra. Cuánto le cuesta sacar el cultivo de los campos, en manutención de caminos, en estructuras. Llevar los alimentos crudos y devolverlos procesados. Los nutrientes, las grasas, las enfermedades que produce, lo natural versus lo artificial y sigue.
Ante una audiencia interesada, pero que aún no comenzó a trazar propuestas para sus municipios para resolver esta problemática resume que lo que se busca en definitiva es producir para un “buen vivir”, haciendo alusión, quizá,  al concepto ancestral andino que reza “que todos vayamos juntos, que nadie se quede atrás, que todo alcance para todos, y que a nadie le falte nada”.
Fuente: INTA


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