Donde hubo fuego? ¿Sólo cenizas quedan?

07/02/2017

El impacto de los incendios depende de su intensidad y su efecto sobre el suelo depende de la duración y la temperatura que alcance el fuego.
Desde siempre el hombre utilizó al fuego para reconstruir su entorno empleándolo en muchas actividades dentro de la producción agrícola, ganadera o forestal. En términos operativos, el uso del fuego resultó una práctica simplificadora y económica, sin embargo, pocas veces se reparó en los impactos negativos directos o indirectos.
Son varias las causas que originan los incendios; están los intencionales pero controlados, que se utilizan en la actividad agrícola-forestal como herramienta de manejo; los accidentales o negligentes y los intencionales con búsqueda de daño. Pero también están aquellos que son generados por causas naturales, producidos a partir de rayos durante tormentas secas, como los ocurridos recientemente en La Pampa, Río Negro y sur de Buenos Aires.  
La temperatura del fuego es la que va a determinar el impacto sobre el suelo, producto de las características del material a quemarse, y las condiciones ambientales actúan sobre la velocidad de avance, intensidad y duración del mismo. Así, un incendio leve puede alcanzar temperaturas de 250ºC, mientras que uno moderado entre 350-450ºC y uno severo o intenso puede superar los 700ºC.
La marca del termómetro
Cuando se queman grandes acumulaciones de vegetación y de gran tamaño (como los cordones de los desmontes), las temperaturas máximas en la superficie del suelo pueden superar los 1000ºC. La quema de vegetación de tipo arbustiva se produce a temperaturas relativamente más bajas. Los fuegos en pastizales o rastrojos con cargas bajas de materia seca, cercanas a 1 t/ha, usualmente alcanzan una temperatura a nivel del suelo menor a 225ºC. Sin embargo a estas temperaturas más bajas ya se pueden generar impactos sobre el componente biológico del suelo. Por ejemplo, entre 40-70 ºC se produce la degradación de las proteínas y la muerte de los tejidos de las plantas. Las semillas dejan de ser viables en un rango de 70-90 ºC. Por su parte los componentes físico-químicos del suelo se alteran  a temperaturas más altas, por ejemplo, la materia orgánica (MO) del suelo comienza a experimentar cambios internos a partir de 200- 310ºC, pero comienza a consumirse a temperaturas inferiores, y por encima de los 450ºC se pierde completamente.
¿La temperatura que se desarrolla en superficie se transmite hacia las capas más profundas?. Cuando la intensidad del fuego es baja la temperatura del suelo a los 5 cm es del orden de los  50ºC. Sin embargo, cuando las quemas son muy intensas (cuando hay grandes acumulaciones de residuos, fuegos que se mueven lentamente) la temperatura alcanza los 250 ºC a los 5-10 cm y alrededor de 100 ºC a los 20 cm de profundidad. Los fuegos intensos, sin duda, resultan en la muerte de microrganismos, raíces, alteración en los procesos físicos y cambios importantes en el ciclo de los nutrientes.
El fuego y la funcionalidad  del suelo
Mantener una estructura del suelo adecuada y un sistema poroso equilibrado son claves para asegurar el ingreso, movimiento y almacenamiento de agua en el suelo,  y mantener su funcionalidad. Estas propiedades pueden verse afectadas por los disturbios ocasionados por el fuego.
En todo incendio, lo primero que se pierde es la cobertura vegetal, exponiendo al suelo a la acción directa e inmediata del viento y del agua favoreciendo la pérdida de suelo por erosión hídrica y/o eólica. Posteriormente, y dependiendo de la severidad del incendio (intensidad del fuego) pueden verse afectada la estructura del suelo y su fertilidad por una rápida mineralización de la materia orgánica. Con fuegos severos, además del consumo de la cobertura se puede generar alteraciones a nivel de las arcillas. Es importante recordar que a excepción de algunos suelos, la degradación de la estructura es un proceso de difícil recuperación y requiere tiempo. Un efecto particular que suele presentarse luego de una quema es la repelencia del agua, productos de la transformación de compuestos orgánicos que recubren los agregados del suelo. Esto puede significar una menor infiltración de agua y mayor riesgo de escurrimiento superficial.
El fuego, la cobertura vegetal y la materia orgánica
La cobertura vegetal protege el suelo contra la erosión favoreciendo la infiltración del agua, regula la temperatura disminuyendo las amplitudes térmicas, es el hábitat y sustrato para comunidades de microorganismos encargados de la trasformación de los residuos, es fuente de nutrientes y de carbono para la formación de la materia orgánica (MO). Por su parte, la materia orgánica es un componente central para mantener un adecuado suministro de nutrientes e incide sobre numerosas propiedades físicas y químicas del suelo.
 En fuegos de baja intensidad, generalmente se consumen los residuos en superficie pero difícilmente se altere la cantidad de materia orgánica de los primeros centímetros del suelo, sin embargo es posible detectar alteraciones en su calidad. Los fuegos intensos inducen a cambios importantes en la calidad de la MO. Investigaciones muestran que el fuego puede trasformar la MO en estructuras más complejas y más resistente a procesos de mineralización biológica. Como consecuencia se produce una modificación en el ciclo de los nutrientes asociados a la materia orgánica disminuyendo su disponibilidad en el corto y mediano plazo.
Efecto sobre los nutrientes
Así como se ve afectada la MO, los nutrientes sufren transformaciones y pérdidas. Por efecto del fuego, nutrientes como el fósforo y nitrógeno pasan casi instantáneamente de su forma orgánica a inorgánica, pudiendo lixiviarse en caso de no ser prontamente aprovechados por las plantas. Otras formas de pérdida de nutrientes son columnas de humo generadas durante los incendios que pueden transportarlos en forma de cenizas de un sitio a otro, o luego del paso del fuego, éstas pueden ser re-transportadas por la acción del agua o el viento.  También pueden ser volatilizados, dependiendo de la intensidad del fuego. A temperaturas mayores a 500ºC, más de la mitad del N de la MO es volatilizado y a temperaturas superiores a los 700°C comienzan a perderse  el potasio, el fósforo y el azufre, entre otros.
 Más allá de la intensidad y la duración del fuego, lo que  importa es  la frecuencia con que ocurren los incendios. Si  estos incendios o las quemas controladas se suceden periódicamente se reduce el ingreso de material orgánico  provocando un desequilibro en el ciclo del carbono y de los nutrientes. De esta forma se culmina invariablemente en la pérdida de fertilidad física y química del suelo.
La vida del suelo
Los microorganismos del suelo no escapan a los efectos del fuego. Independientemente de la intensidad o duración, es inevitable la pérdida de los organismos alojados en la superficie del suelo.  Sin embargo, cuando hablamos de los alojados en el suelo, esto comienza a tomar relevancia.  Así, por ejemplo, con fuegos de baja intensidad es mínimo el impacto sobre estas comunidades. En cambio, en quemas moderadas se ven afectadas por un corto período para luego regenerarse, y con fuegos intensos puede alcanzarse la esterilización total del suelo.
  Algunos grupos específicos de bacteria son fuertemente afectados en temperaturas del orden de los 210 ºC si el suelo está seco, pero un aumento en la humedad puede reducir este nivel letal a los 110 ºC. Las micorrizas pueden verse afectadas de manera moderada cuando la temperatura del suelo es de alrededor de los 50 ºC y severamente afectadas y reducidas con temperaturas de 90 ºC.
En la cadena de impactos, la biota del suelo es el componente más sensible y el primero en verse afectado independientemente de la intensidad y duración del fuego. Por lo tanto,  todo proceso edáfico asociado a la actividad microbiana será afectado, dependiendo en consecuencia el tiempo de recuperación del suelo de la recuperación de esta comunidad.
 Mirar para adelante
Cuando ocurren estos tipos de eventos (quemas no planificadas y no controladas) los afectados, más allá del suelo, son los productores, los centros poblados y los recursos naturales en general. Es importante entonces trabajar en la concientización de riesgos y consecuencias, fortalecer la comunicación entre los actores a nivel de territorio, disponer un trabajo en red, brindar capacitación,  y trabajar en la prevención y el monitoreo, de tal forma que permitan evitar o remediar la magnitud del impacto sobre el patrimonio, la vida de los habitantes locales y el medio ambiente. Existen estrategias que pueden implementarse, las cuales deberán ser especialmente dispuestas en épocas de alto riesgo.
Fuente: INTA


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