5 de diciembre: Día Internacional del Suelo

06/12/2016

La gestión sostenible de los suelos es fundamental para conseguir los Objetivos de Desarrollo Sostenible, muchos de los cuales reflejan el papel central de los suelos para sostener la vida, los alimentos y el agua. Debemos asegurar que nuestros ecosistemas terrestres se utilicen de forma sostenible mientras combatimos el cambio climático y sus efectos. La capacidad de absorción de carbono de los suelos es una contribución esencial a la mitigación del cambio climático. El desafío que tenemos ante nosotros es evidente. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura estima que alrededor del 33% de la superficie de los suelos del mundo ya está degradada. Hay que invertir esta tendencia mediante prácticas sostenibles de ordenación del suelo. Los suelos son el fundamento de los sistemas alimentarios. Son críticos para la seguridad alimentaria y la nutrición. Solo unos suelos sanos producirán alimentos sanos con el mejor valor nutricional posible. Además, ayudan a producir productos farmacéuticos con recursos genéticos y contribuyen al almacenamiento y la depuración del agua. Promovamos la gestión sostenible de los suelos basada en una gobernanza adecuada y en inversiones racionales. Juntos podemos promover la causa de los suelos, que constituyen una verdadera base sólida para la vida.
El suelo es una capa delgada que se ha formado muy lentamente, a través de los siglos, con la desintegración de las rocas superficiales por la acción del agua, los cambios de temperatura y el viento. Está compuesto por minerales, materia orgánica, diminutos organismos vegetales y animales, aire y agua. Las plantas y animales que crecen y mueren dentro y sobre el suelo son descompuestos por los microorganismos, transformados en materia orgánica y mezclados con el suelo (FAO).
Los suelos aportan bienes y servicios de los que gozan las sociedades humanas, ellos son los servicios ecosistémicos que permiten la vida en la tierra. Desempeñan funciones tales como de regulación (regulación del climática, ciclado de nutrientes, formación de suelos, retención de carbono, purificación del agua y reducción de contaminantes del suelo), hábitat (criadero y función de refugio), producción (suministro de alimentos, fibras y combustibles, suministro de materiales de construcción, fuente de productos farmacéuticos y recursos genéticos), brindan información (estética e histórica) y sirven de sustrato (base para las infraestructuras humanas, extracción minera).
En Santiago del Estero, se estimaron en total 4 millones de hectáreas desmontadas entre 1976 y 2012. La tendencia se aceleró en la última década, puesto que el 50% de esa superficie (2 millones de hectáreas) se desmontó entre 2000 y 2012. Los suelos de la provincia tienen predisposición a degradarse por las condiciones climáticas (semiárido) y por las características físicas de estos (textura limosa y escasa estabilidad estructural) de acuerdo a los manifestado por Lorenz et al. (1994). Entre los procesos de degradación de los suelos que pueden ocurrir en los sistemas productivos si no son manejados correctamente, son erosión hídrica y eólica, compactación, salinización e inundaciones. Por lo tanto es necesario conocer las potencialidades y limitantes de los suelos ya que es un recurso natural no renovable. Ello implica que la alteración físico-química de los suelos suponga pérdidas irreparables y definitivas.
 Frente a los procesos erosivos naturales y a los causados por las malas prácticas humanas directamente vinculados a la desertificación, la Organización de la Naciones Unidas (ONU) para la alimentación y agricultura, manifiesta que es imprescindible la protección del recurso suelo y declara el 2015 como el Año Internacional Suelos en el marco de la Alianza Mundial por el Suelo y en colaboración con los gobiernos y la secretaría de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación. El mismo se conmemora el 5 de diciembre y tiene como objetivo aumentar la concienciación y la comprensión de la importancia del suelo para la seguridad alimentaria y las funciones ecosistémicas esenciales.
Relacionado a ello, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) propone conocer nuestros recursos para cuidarlos y mantenerlos sanos, funcionando bien para las futuras generaciones. Trabaja en la generación y difusión de información y tecnologías para la prevención y mitigación de los procesos de degradación de los suelos. A través de proyectos regionales con enfoque territorial y nacionales vinculados a instituciones públicas  y privadas, asociaciones de productores y en escuelas.  
Entre las líneas de investigación se encuentran elaboración de mapas suelos y evaluación de tierras, indicadores de calidad de suelos en sistemas silvopastoriles en bosque nativo e implantado, pastoriles, rotaciones de cultivos y cultivos antecesores, contaminación de suelo y agua, dinámica del agua superficial y subterránea, tecnologías en riego, fruti-horticultura, ganadería y agrometeorología. Las ciencias deben integrarse en equipos multidisciplinares para abordar la compleja interacción entre el suelo, el aire, la vegetación, la hidrósfera y atmósfera. La información llega a la comunidad abarcando todos los aspectos de la sustentabilidad del suelo, pues sabemos la estrecha relación que existe entre éste y la seguridad alimentaria para la población mundial.
Fuente: INTA


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